MAJANÉ ISRAEL

Historia del primer barrio de  Jerusalén que construyeron  extramuros y por sí mismos los habitantes de la Ciudad Vieja.


En la segunda mitad del S XIX, Jerusalén, admistrada por el Imperio Otomano, era un lugar donde predominaba el hacinamiento y la miseria , hasta el punto de que sus habitantes sufrieron varias epidemias de cólera.  Algunos potentados -Moshé Montefiore, por ejemplo- comenzaron a  buscar una solución a todos estos problemas de calidad de vida y así nace  el proyecto urbanístico llamado ” Salida de las Murallas”, con el emblemático barrio de YEMÍN MOSHÉ,a la cabeza de esta expansión extramuros.

Cinco años después, es decir , en 1865, se construye otro barrio, que pasa a la historia de Jerusalén como el primer barrio que construyeron por sí mismos los habitantes de la Ciudad Vieja.  Y lo llamaron  con un nombre que no hacía referencia a nada contemporáneo, sino a  La Torá: Majané Israel, tal cual nombraron los hebreos su propio campamento en el desierto tras la salida de Egipto. ¿Y por qué este nombre tanájico? Porque los jerosolomitanos del último cuarto del siglo XIX eran conscientes del peligro de vivir fuera de las murallas, que cerraban sus puertas todos los atardeceres por razones de seguridad ante los bandoleros que poblaban los montes de Judea. Lo mismo que el Campamento de Israel estaba protegido por Ha´Shem, decidieron llamaron igual en esperanza de que también ellos fueran amparados de la misma manera.

La iniciativa urbanística fue de los Maaravim (los occidentales, en hebreo) es decir, los sefardíes occidentales, no balcánicos y no medio-orientales, o lo que es lo mismo, magrebíes y especialmente marroquíes. Concretamente, del rabino David ben Shimón, Ha´Radbash, que fue quien trató con el Consejo Sefardí la independencia  de la administración económica de los maaravím. Los fondos provenían de distintos lugares, en especial de Marruecos, pero también del resto de colectas y donaciones del resto de  las naciones norte-africanas.

En 1965 -año de la fotografía de arriba-  se pudo, así, comprar  barato un solar junto al viejo cementerio  que rodea el enorme aljibe de la época hasmonea , llamado de Mamila (por lo que el barrio a veces también se llamaba así)  Este aljibe, mediante un canal llevaba el agua hasta el aljibe de Ezequías, en la Ciudad Vieja, y era la principal fuente de agua de la ciudad a lo largo de su historia. En este cementerio hay tumbas pre-islámicas, de guerreros cruzados, mandatarios mamelucos y musulmanes hasta el año de 1927, en que fue declarado monumento histórico. El terreno – entre las calles Agrón y Melej David- no era de elevado precio porque está en una vaguada inundable en las lluvias del invierno (por eso se construyó allí el aljibe de Mamila)

La Casa de los Ezra.

Los fondos, no obstante, sólo permitieron construir una casa, construida en mitad de la nada, sin ningún tipo de protección. El único valiente que se atrevió a habitarla fue Elihau Ezra, con su familia, y tenía que hacer guardia por las noches para que sus hijos pudieran dormir, espantando , dicen, incluso lobos  que se atrevían a merodear la construcción. Poco a poco se fueron construyendo más casas e incluso un Talmud Torá y un Beit Midrash enorme que era el orgullo de este pequeño pero gran  barrio fuera de las murallas de la Ciudad Vieja.

El rabino Shimon Ben David falleció en 1880 y el rabino que lo sustituyó no sentía que debía involucrarse en el barrio. Hacia 1900 los testimonios de los visitantes no eran nada halagüeños, por lo que el rabino decidió pedir ayuda de nuevo a las comunidades marroquíes para mejorar la situación creando pozos de agua, un horno comunitario y viviendas para familias desfavorecidas.

 

Los nuevos barrios que se siguieron construyendo fuera de las murallas quedaban relativamente lejos. el más cercano era Najalat Shivá y todos los barrios que se fueron desarrollando a ambos lados del antiguo camino de Yafo, que unía el puerto de mismo nombre con la principal entrada a la Ciudad Vieja. en 1929, los musulmanes construyeron en la esquina el Gran Hotel Palace, cortando el paso y la vista a la Ciudad Vieja, y comenzando la degradación paulatina del lugar.

A fines de los años ´80 del siglo anterior, el ayuntamiento decidió derribar casas antiguas del barrio para levantar nuevas construcciones -algunas bastante caras- y sólo se salvaron algunos edificios en el último momento por presiones de grupos de ciudadanos escandalizados con la destrucción de tanto patrimonio histórico de los sefardíes. Hoy se  erige allí el Centro por el legado de los judíos norteafricanos, maravilloso lugar que conserva y difunde el importante papel espiritual de toda esta comunidad.