PARASHAT HA´SHAVÚA: «HAAZINU»

Parashá: Haazinu, הַאֲזִינוּ‎, Escuchad. Deuteronomio 32:1–52. Haftará :  2 Samuel 22:1–51. (Canción de David)   Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita


 

“Escuchad, los cielos, y hablaré;
oiga la tierra los dichos de mi boca”
(Devarim 32:1).

 

Antes de que Moshé Rabenu falleciera, él reunió a toda la congregación de Israel y les puso como testigos fieles a los cielos y la tierra para que atestiguaran contra los Hijos de Israel que, si anduvieren por el sendero de Hashem, les irá bien y no les hará falta nada; pero que, si —jas veshalom— le dieran la espalda a Hashem y a Su Torá, al final, merecerán decretos difíciles y malos, y el final de ellos será amargo.

Cuando se escribe un pacto, hacen falta testigos que certifiquen la credibilidad del documento, porque solo los testigos son los que le dan existencia y validez al documento. Asimismo, Moshé Rabenu estableció dos testigos para su “testamento”, y escogió para ello a los cielos y la tierra. ¿Y a qué se debió que no pusiera por testigos a los ángeles, residentes en las alturas? Debido a que no todos los pueden ver, y es necesario que los testigos puedan ser vistos, porque si no se los puede ver, ¿cómo se los podría convocar si surgiereun reclamo contra el documento?

La Haftará es el Poema de David, Shirat David

No obstante, aún se plantea una dificultad: ¿a qué se debió que Moshé Rabenu no recurriera a Yehoshúa Bin Nun, a Elazar Hacohén o a cualquiera de los ancianospara que fueran los testigos? A pesar deque el ser humano es mortal y tiene fin, después de todo, la firma de ellos sí permanecería en este mundo terrenal y así se podría establecer el documento con las firmas y dar testimonio ante el Bet Din de que aquellas eran las firmas de los testigos, como hacemos con todo documento firmado por personas mortales.Sobre esta dificultad, Rashí responde: “A pesar de que los seres mortales son aptos para fungir como testigos, de todas formas, Moshé Rabenu quiso testigos que perduraran para siempre.

Dijo Moshé Rabenu: ‘Yo soy de carne y sangre, y mañana moriré. Si los Hijos de Israel dijeren que nohabían aceptado el pacto, ¿quién vendrá a rebatirles?’. Por ello, él les puso los cielos y la tierra, pues perdurarán para siempre”. A simple vista, esto parece presentar una dificultad, pues los cielos y la tierrason testigos fidedignos para aquel que cree en Hakadosh Baruj Hu, porque cuando al hombre que cree en Hashemle sobrevienen angustias, de inmediato, despierta y toma conciencia del hecho de que Hakadosh Baruj Hu ya tiene a los cielos y la tierra como testigos de que los que andan por el sendero de Hashem ameritarán Su bendición y de que, porel contrario, los que andan por el malsendero acabarán rindiendo cuentas desus actos. Pero para una persona que no cree en Hashem, ¿de qué le van a servir los cielos y la tierra?, ¡si ella no reconoceque Boré Haolam creó los cielos y la tierra, y los puso en donde se encuentran para laeternidad! Dicha persona podrá siempre argüir que los cielos y la tierra ciertamente pueden ser observados a plena vista, pero no tienen boca con la cual atestiguar acerca de la existencia de Hashem. Entonces, ¿cómo se podrían rebatir los argumentosde aquel que reniega?

Dice el versículo (Tehilim 19:2):

“Loscielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos”.

A aquel que busca creer en Boré Haolam, le basta con ver los cielos, los cuales cuentan acerca de la gloria de Hashem, y con observar el firmamento, que cuenta acerca de la obra de las manos de Hashem Yitbaraj. Y a pesar de que los cielos no pueden hablar, de todas formas, el solo hecho de reflexionar respecto de ellos sirve para conocer acerca de todo el evento de la Creación, y refuerza la fe en Boré Haolam, Quien lo creó todo en seis días y colocó cada elemento de Su creación para siempre en su lugar respectivo. El solo hecho de la existencia de los cielos y la tierra certifica y valida que hay un Creador del Mundo. Los que reniegan, quienes cierran los ojos y se abstienen de reconocer la existencia de Hashem y se desconectan de laluz de la Torá, aun cuando les presentemos todas las pruebas del mundo, y les proveamos pruebas que demuestran laexistencia de Hashem, permanecerán ensu ceguera y se rehusarán a reconocer al Creador del Mundo. Para la persona que no quiere ver y cierra los ojos, de nada le servirán todos los argumentos más convincentes, hasta que no abra los ojospor sí misma. Por ello, Moshé Rabenu les dijo a los Hijos de Israel: “Os pongo por testigos contra vosotros”, porque todo depende solo de nosotros y de nuestravoluntad.

Toda cosa o criatura sobre la faz de la tierra acabará consumiéndose y desapareciendo del mundo. Un hombre puede comprarse un traje, y vestirlo por un año o dos, o incluso diez; pero luego de un largo tiempo, el traje acabará desgastándose y ya no se podrá usar. Incluso en lo que respecta a un árbol grande y fuerte, con raíces firmes, le llegará el día en el que sus raíces se secarán y el árbol se acabará. La arena tampoco es fija, pues el viento la lleva de aquí para allá. Así, el hombre, que es la corona de la Creación, tiene sus años contados; después de ciento veinte años, acabará muriéndose. Solo los cielos y latierra perdurarán para siempre; y por ello, Hashem los escogió para que atestiguaran acerca de lo que Él creó.

Ciertamente, los cielos y la tierra sirvende testigos de la existencia del Creador del Mundo solo para quien quiere creer. De todas formas, para aquel que se hace el ciego, de nada le sirven todas las pruebasdel mundo.Conozco muchas personas que, cuandohablo con ellas un poco acerca del judaísmo y el cumplimiento de las mitzvot, asienten con la cabeza respecto de todo lo que yo digo, pero en el corazón no están de acuerdo. No obstante, cuando hablo con ellas acerca de sus negocios, empiezan a poner su mente en acción y se ve que se “despiertan” y están más atentas. Estas personas están ciegas y no piensan acerca del final de sus días, acerca de la muerte. Y cuando les llegue el día de dejar este mundo, cuánto se lamentarán y se avergonzarán por su gran tontería. Pero para entonces, ya será demasiado tarde. Cuando el rey sale de su palacio a dar una vuelta por la ciudad, todos salen a verlo. Y si una persona decide que no le interesa ver al rey, permanecerá encerrada en su casa, en lugar de deleitarse en ver al rey. Al final, se lamentará mucho por ello, porque después escuchará que, en su ronda, el rey repartió grandiosas porciones a todos los que lo esperaron en las calles para verlo: a uno le dio una casa, a otro le dio piedras preciosas y gemas, etc. Pero aquel que permaneció en su casa encerrado no recibirá nada de eso, porque no se dio a sí mismo la oportunidad de deleitarse con el obsequio del rey. Y después, cuando quiera salir a ver al rey para ser también receptor de su obsequio, el rey ya habrá retornado a su palacio, y así dicha persona habrá perdido su oportunidad.

Así mismo sucede con la persona que “se encierra en sí misma” y no quiere creer en Hashem Yitbaraj; todo lo que hace es provocarse a sí misma una gran pérdida, porque la fe es el obsequio más grandioso que puede recibir el hombre, y por medio de la cual, puede lograr triunfos maravillosos.