PARASHAT HA´SHAVÚA: «NASO»

Parashá: Naso,  נשא, censa.  Números 4:21–7:89. Haftará sefaradit:  Jueces 13:2–25. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita


“Y ofrendaron los jefes [las ofrendas
de la] inauguración del Mizbéaj en el
día en que fue ungido” (Bamidbar 7:10).

La palabra en hebreo para “inauguración” en el versículo es janucá, la cual, a su vez, está relacionada con el vocablo jinuj, que quiere decir ‘educación’. El Mizbéaj (‘Altar’) alude a la congregación de Israel; todos los jefes de las tribus juntos educaron al Pueblo de Israel y les instruyeron que todo depende de la fraternidad. El versículo: “Un becerro por cada dos jefes, y un toro por cada uno” alude a dicha fraternidad, ya que indica que todo jefe de una tribu compartió con el jefe de otra tribu para así poder enseñar todos juntos al Pueblo de Israel a permanecer juntos como un solo hombre. Similarmente, el Seforno se refirió al concepto de aquella fraternidad de la siguiente manera: fue la señal de la fraternidad entre ellos por medio de la cual se hicieron aptos para que la Shejiná se pose en su seno, como dijeron

(Devarim 33:5): “Y hubo en Yeshurún un rey, al congregarse las cabezas del pueblo juntas”.

También hay en este tema una alusión a la fraternidad en la palabra eglá (‘becerro’), que también comparte la raíz de la palabra igul, que quiere decir ‘rueda’, pues la rueda simboliza la fraternidad, ya
que todos en una rueda son iguales y no hay diferencias. En nombre del Rav de Tzanz, ziaa, se formula la pregunta: ¿por qué se acostumbró a hornear las matzot hechas a mano con forma redonda? Para
insinuar la fraternidad, para indicar que no hay uno más grande que otro; para enseñarle al hombre que, así como en un círculo no existe una esquina en la que uno pueda escabullirse, así mismo todos tienen que estar juntos.

En la misma línea, es posible esclarecer el tema del Conteo del Ómer. Hakadosh Baruj Hu ordenó contar cuarenta y nueve días como preparativo para la recepción de la Torá. Conteo del Ómer se dice en hebreo Sefirat Haómer, y el término sefirá es el mismo término que se utiliza para describir la forma como
Hashem conduce todo el universo, por medio de las Éser Sefirot. Por medio de las Éser Sefirot, Hashem hace descender la abundancia al mundo hasta que ésta llega al hombre. Las Sefirot son circulares, porque solo de esa forma el hombre puede recibir la abundancia Divina. Asimismo, para recibir la Torá, el Pueblo de Israel tiene que estar en círculo, es decir, en unidad, en fraternidad, como dice el
versículo

(Shemot 19:17): “Y estuvieron de pie debajo del monte”.

El monte es circular, y los Hijos de Israel rodearon el monte, como si fuera un montículo de mies, porque estaban en unidad, como dice el versículo

(Shemot 19:2): “Y acampó allí Israel, contra el Monte”,

como un solo hombre, con un solo corazón. Y es sabido que los jefes de las tribus no se enaltecieron uno sobre el otro; por lo tanto, uno no trajo más que el otro, sino que todos ofrecieron por igual. El servicio de ellos fue íntegro, con lo que demostraron que nadie vale más que otro delante de Hashem. De esta forma, Hashem se complació con sus actos, como dice el versículo

(Bamidbar 7:5): “Toma de ellos, y será para realizar el servicio en la tienda de Reunión”.

Y así escribió el Rambán: “Porque Hakadosh Baruj Hu les dio honor a Sus temerosos, como dice el versículo

‘Porque a los que Me honran, honraré’;

y he aquí que todos los jefes, en un solo día, trajeron los sacrificios que habían acordado ofrecer en conjunto. Y no podría ser que no hubiera uno que precediera al otro, pues en el orden del campamento se respetaba una jerarquía:

“Y honró a los que se adelantaron en las banderas, precediendo en días”.

Y ciertamente todo miembro de Israel es “parte de Dios Altísimo”; y todo judío es un mundo por cuenta propia. Pero el judío tiene que saber que todo esto se cumple cuando él es parte de la congregación
de Israel. No obstante, si se separara de la congregación, perdería su elevación. Pues, ¿cómo se mide la virtud de un judío? Obviamente, por medio de la Torá que contiene. “La luminaria de
Hashem es el alma del hombre”. Y hay seiscientas mil letras en la Torá contra las seiscientas mil almas de Israel. Hay una hermosa alusión a esto: las letras en hebreo para “Israel” ( ישראל ) forman el acróstico

“Yesh shishim ribó otiot Latorá”

( יש ששים ריבוא אותיות לתורה :

‘Hay seiscientas mil letras para la Torá’).

 

Y, por ende, cada judío es parte de la Torá y tiene que permanecer inmerso en la congregación para ser considerado como parte integral de la Torá perfecta. No obstante, si un judío se separa de la congregación, entonces, él hace falta en la congregación de Israel y, consecuentemente, hace falta en la completitud de la Torá.

¿Y cómo se puede hacer para que Israel permanezca unido? Solo es posible cuando existe humildad y respeto entre sus miembros. Por lo tanto, la recepción de la Torá está supeditada a la humildad y a la medida en la que todos estén en condición de “como un solo hombre con un solo corazón”; y la Torá
también advirtió a quien fuere rey del pueblo

(Devarim 18:20) “que no eleve su corazón por encima de sus hermanos”.

La cualidad de la humildad la encontramos en los jefes de las tribus, quienes no quisieron superarse los unos sobre los otros, sino que fueron sumisos ante el resto de sus colegas, razón por la que Hakadosh Baruj Hu los elogió; ellos encontraron gracia a los ojos de Hashem, al punto que Él hizo que la Shejiná se
posara entre ellos, para hacer saber que la edificación de Israel depende de la fraternidad.
Esto se puede comparar con las gotas de la lluvia. Hakadosh Baruj Hu le dijo a Iyov (Tratado de Bavá Batrá 16a):

“Muchas gotas creé en las nubes; y cada gota tiene su forma particular, de forma que no haya dos gotas con la misma forma. Pues si hubiera dos gotas con la misma forma, confundirían la tierra y ésta no produciría frutos. Por eso, no hay dos gotas que se mezclen. De todas formas, cuando las gotas llegan a la tierra, se unen y se convierten en arroyos de agua; y esos arroyos, en ríos, mares y lagos. De esa forma, el mundo puede existir, porque de dichas aguas bebe la tierra”.

He aquí que, a pesar de que cada gota de lluvia tiene su propia forma particular, no sería de beneficio si no se uniera a sus compañeras, las demás gotas de lluvia, pues, de lo contrario, se echaría a perder. Pero cuando todas se unen, las gotas de lluvia tienen el poder de traer vida al mundo. Lo mismo ocurre con el Pueblo de Israel; cada hombre por su cuenta no puede lograr mucho beneficio, sino solo cuando se une con el resto del pueblo.

Yehí ratzón que podamos entender el gran valor de la unión de los corazones, y seamos todos como un solo hombre con un solo corazón para poder servir a Hakadosh Baruj Hu y cumplir Sus mitzvot. Todo con el fin de darle satisfacción a nuestro Creador. Amén veamén.



Lectura de la Parashá en nosaj sefardí yerushalmi