LA MATA HARI ISRAELÍ: YOLANDE HARMER

Reseña biográfica de una espía sefardí de Alejandría en los años del final de la II Guerra Mundial y el re-establecimiento de la soberanía judía en Israel.


En el encantador barrio de Katamón – terrenos en Jerusalén  del Patriarca Griego Ortodoxo vendidos en el S XIX-  hay una  recoleta plaza en la que el viandante puede ver una placa en hebreo, árabe e inglés, a nombre de Yolande Harmer, agradeciéndole sus servicios en el departamento político de la Agencia Judía.

¿Pero quién fue esta mujer?

C. Rajamím Gabay, su padre

Yolande nació en Alejandría el año anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial. Su padre, tataranieto de un judío de Livorno,  fue Clemente Rajamím Gabay;  su madre  se llamaba Fortunata. Su hermana, dos años menos, Mafalda. Sefardíes de Salónika o de Istambul -no se sabe a ciencia cierta- radicados en la entonces floreciente  y cosmopolita Alejandría. La hermosa ciudad de la costa egipcia al Mediterráneo,  en donde triunfaban, al menos económica y socialmente hablando, grandes familias de la alta burguesía judeo-alejandrina, siempre a caballo entre París y El Cairo.

Jacques de Botton

Una de esas familias eran los Botton. Descendientes de uno de los primero rabinos y talmudistas  sefardíes en  la Tesalónica del S. XVI , rabí Abraham de Botton -primera generación post-expulsión.  Parte de esta familia también se radicó en la ciudad de Alejandro Magno. Jacques Isidore Isaac de Botton, hijo de Moise de Botton,  había nacido en 1908 en Alejandría. Cuando Yolande tenía 17 años, es decir, en 1930, Jacques de Botton se casó con ella. O viceversa.  Cinco años después,  el siete de enero de  1935,  tuvieron un hijo al que llamaron Gilbert.  A finales de  los años ´60, en Suiza, este Gilbert de Botton -que estudió finanzas en la Universidad Hebrea de Jerusalén,   se convertirá en director financiero de un nuevo banco de los Rothschild (además de ser padre del escritor Alain de Botton y de ser un gran coleccionista de arte que junto a su mujer e hija, Miel de Botton,  fueron grandes benefactores de la Tate Gallery de Londres)

Mme. de Botton-Gabay, a través de su marido, entró en el gran mundo de la alta burguesía no sólo como esposa de Jacques de Botton, sino también con la entonces  poco femenina e inusitada credencial de periodista para el Palestine Post (hoy el Jerusalem Post) Yolande, hermosa, educada, culta y lista, pululaba habitualmente por los círculos más aristocráticos de entonces en Egipto: la corte del rey Faruk, alias el Ladrón de El Cairo, amigo del lujo que no paga sus facturas mientras a las orillas del Nilo se ahogaban en mierda -hasta el golpe de estado de Nasser-  sus súbditos.

Cuando en Europa estaba a punto de terminar la Segunda Guerra Mundial, y habiéndose divorciado de Jacques dicen que porque se hartó de las palizas,  ocurriría un hecho decisivo en su vida : se dio en EL Cairo un cocktail-party cuyo anfitrión era ELiahu Sassón, de la célebre dinastía sefardí de los  LOS SASOON. Por aquel entonces,  él era el director del departamento de asuntos árabes de la Agencia Judía -La Sojnut. El motivo del encuentro, la visita a EL Cairo de Moshe Sharet, quien luego sería el segundo presidente de ISrael.

Yolande, que por aquel entonces ya se llamaba Yolande Harmer, fue reclutada para los servicios de inteligencia de ISrael con el apodo táctico de Nicole.

Su primer misión como espía consistió en establecer contactos con el Secretario General de la Liga Árabe ‘Abd a-Rahman Azzam,  así como con los estadistas árabes que visitaban El Cairo periódicamente  y los  altos funcionarios británicos  que aún permanecían  en Egipto.

Tras el re-establecimiento  administrativo del Estado de Israel -mayo de 1948-  las autoridades egipcias llevaron a cabo una ola de arrestos de activistas sionistas.  También en los aposentos de  Hermer; no obstante, aduciendo estar enferma -lo cual era verdad- fue liberada  y, rauda y veloz, se estableció en París , donde  al esperaban  Sasson y el jefe del Departamento Político de la Agencia Judía, Moshe Shertok, que recibieron  de sus manos  un informe que concluía que Egipto era el único país árabe interesado en un acuerdo con Israel.

Arriesgaba no sólo su propia vida sino también la de su único hijo.

Poco tiempo después regresó a Egipto, pero por poco tiempo, pues a fines de 1949 se radicó en Israel con su único hijo, Gilbert. SU apellido Harmer lo cambió a Har Mor, literalmente “El Monte de Mirra”. Con ese nombre empezó a trabajar para el ministerio de Asuntos Exteriores. Seis años después, en Jerusalén, su enfermedad degeneró en un cáncer que la llevó a la tumba.