PARASHAT HA´SHAVÚA: «MIKETZ»

Parashá: «Miketz», מִקֵּץ, finalmente. Genesis 41:1–44:17. Haftará:  Zacarías 2:14–4:7. Darshán: rabenu David Pinto Shlita.


Los Sabios establecieron la fiesta de Januká para “alabar y agradecer” (Shabat 21b), ordenando encender velas cada noche, en recuerdo al milagro ocurrido al Pueblo de Israel. Los griegos habían impurificado todo, incluyendo el aceite del Bet HaMikdash. Buscaron y encontraron un frasco con aceite puro, sellado por el Cohén Gadol, que sólo alcanzaba para encender la Menorá un día, y por milagro duró ocho días.

La Halajá (Shulján Aruj, Oraj Jaím 672, 2) ha establecido que para el cumplimiento de la Mitzvá es necesario que las velas permanezcan encendidas por lo menos media hora. De lo anteriormente expuesto surge la siguiente pregunta: dado que los Sabios quisieron que el Pueblo Judío recuerde el
milagro con los Jashmonaím, y lo reflejan al tener que expresar: “en aquellos días, en este tiempo”, ¿por qué ordenaron encender las velas ocho días únicamente durante media hora?. Si hubiesen ordenado encenderlas durante los ocho días completos, noche y día, agregando aceite cada noche, el
milagro podría haber sido recordado mejor, dado podrían ser vistas en forma constante. Además, teniendo en cuenta que “la vela intermedia de la Menorá ardía toda la noche y todo el día”
(Shabat 22b), hecho que refuerza el cuestionamiento.

Como respuesta debemos decir, que por lo general, los Sabios no establecen un decreto que la gente no pueda cumplir (Babá Kamá 49b, Babá Batrá 60b). Lo esencial es establecer “poco pero seguro”, ya que “si se ordena mucho, y no se cumple en definitivA no se ordena nada” (Rosh HaShaná 4b).

Además, si hubieran decretado encender las velas los ocho días en forma ininterrumpida, muy probablemente terminaríamos acostumbrándonos a ellas, no recordando el milagro. El principal motivo del encendido de las velas es recordar el milagro, sentirlo, para así renovarnos. Es por ello que sólo
establecieron encenderlas media hora.

La esencia de otra Halajá establecida por los Jajamim (Sabios) en relación a las velas de Januká (Shabat 21b; Oraj Jaím 672, 2), que establece el horario del encendido cuando se pone el sol, es porque precisamente en esos momentos fue cuando ocurrió el milagro en el Bet HaMikdash, dado que las
velas eran encendidas al anochecer. Y al encenderlas cuando comienza a oscurecer, podremos recordar lo dicho “un poco de luz expulsa mucha oscuridad”. ¿De qué se trata esta luz?.

Está escrito (Mishlé 6, 23) “la Mitzvá es la vela y la Torá es la luz”. Las velas y la luz de la
Menorá simbolizan la Torá y las Mitzvot. Según lo expuesto que el
encendido de las velas fue fijado para evitar “acostumbrarse”,

y por ello se estableció encenderlas por un tiempo breve, de modo tal de no ignorar la Mitzvá – de igual forma debemos actuar con la Torá y las Mitzvot, cuidando de no ignorarlas o despreciarlas, sino cumplirlas siempre y en forma renovada. Asimismo, es una clara indicación para aprender que lo
esencial no es adquirir muchos conocimientos, estudiando mucho el Talmud y las Halajot, sin tener un objetivo. Lo esencial es estudiar con el fin de poder cumplir y aplicar lo estudiado, como tal como los Sabios expresaron (Abot 1, 17) “la explicación no es lo principal, sino que la acción lo es”. Sólo así, finalmente se deberá estudiar más y más.

De las velas de Januká podemos extraer otra enseñanza. Los días establecidos para recordar el milagro de la victoria sobre los griegos, son un recordatorio para el Pueblo de Israel, que la intención de los griegos de hacernos olvidar la Torá e ignorar su cumplimiento, se debió únicamente a que les abrimos la posibilidad de hacernos errar – según lo dicho (Bereshit 4, 7) “a la entrada acecha el pecado”. Fue el Pueblo de Israel quien comenzó a violar los preceptos de la Torá. Luego de ello, los griegos los obligaron a escribir en el cuerno de los toros que no tenían ningún vínculo con el D’s de Israel (Bereshit Rabá 2, 4).
En function de lo anteriormente expresado, es que debemos esforzarnos en el estudio de la Torá, especialmente en estos días, como forma de oponernos al olvido de la Torá que el pueblo de Israel
casi se provoca a sí mismo, de acuerdo al versículo (Mishlé 6, 23) “la Mitzvá es la vela y la Torá es la luz”. De igual modo, debemos esforzarnos en el cumplimiento de las Mitzvot, aprovechando cada
oportunidad para cumplirlas (Mejiltá Bo 12), oponiéndonos así al intento de los griegos de hacernos transgredirlas.El mejor ejemplo de todo ello es el encendido, en estos días, de las velas de Januká, ya que al llegar el momento de encenderlas, debemos interrumpir cualquier actividad con la intención de
cumplir la Mitzvá con entusiasmo. Esta Mitzvá, requiere a su vez ir aumentando y agregando una vela más cada noche (Shabat 21b), en allusion a que a lo largo de la vida, es necesario, diariamente
ir creciendo en el cumplimiento de la Torá, e ir aumentando en el servicio a D’s.

Los Sabios también establecieron (Shabat 23a) que quien tiene dos puertas en su casa en distintas direcciones, debe encenderlas en ambas puertas, para difundir el milagro de forma completa, evitaando asimismo la sospecha que el dueño de la casa no cumple con la Mitzvá. Lo anteriormente establecido, también alude a que se debe manifestar el amor a D’s de cualquier forma, esforzándose en el estudio de la Torá y su cumplimiento, y al evitar que alguien sospeche, consagrando de esta manera el Nombre de D’s, según lo dicho (Bamidbar 32, 22) “y estarán limpios ante D’s y ante Israel”.

Habiendo mencionado que la Mitzvá debe ser cumplida con entusiasmo, podemos comprender otra Halajá (Shabat 23a; Ramá Oraj Jaím 673, 1), según la cual lo ideal es encender con aceite de oliva. Al
actuar con entusiasmo en el cumplimiento de las Mitzvot, creciendo en el Servicio a D´s y santificando Su Nombre, lograremos nutrir a nuestra alma, que es equiparada al aceite de oliva. Pues Shemen –
aceite, contiene las letras de la raíz de Neshamá – alma. Y Zait – oliva, suma numéricamente 417, representándo a lo bueno (Tob en hebreo, cuyo valor es 17), es decir a la Torá (Berajot 5a) por un lado; y a Esav y a los 400 hombres que lo acompañaban (Bereshit 32, 7), por el otro. Es decir, que así se ha de iluminar el alma, a través de la Torá y las Mitzvot que son lo bueno, liberándonos de las malas cualidades
que Esav simboliza. De ésta forma nos iremos perfeccionando y educando en forma constante, ya que Januká se deriva de la palabra Jinuj – educación, y de ésta forma poder liberarnos de las malas
virtudes de Esav, quien también representa a Grecia. Y por sobre todo, las velas aluden a una idea escencial.

“Estas velas son sagradas, por lo que no tenemos permitido tener provecho
de ellas, sino sólo observarlas”, lo expresado alude a la vida del
hombre, como está escrito (Mishlé 20, 27) “la vela de D’s es el alma
del hombre”.

La vida del hombre debe ser sagrada, y no debemos utilizarla para asuntos vanos. No debemos perder nuestros días dedicándonos al materialismo, “sino sólo observarlas” – aprovechar cada día de la vida, invirtiéndolo en la luz de la Torá, que es el único y verdadero deleite. Quien así actúe, podrá santificarse y purificarse, uniéndose plenamente al Eterno.