YOSEF HA´LEVY

Biografía del sefardí que encontró a los judíos etíopes y propuso que el hebreo fuera la llingua franca de los judíos treinta años antes que E . Ben Yehudá.


Yosef Ha´Levy, orientalista, fue a nacer en Adrianópolis – la antigua ciudad que reconstruyó en el año de 125 el Emperador Adriano- . Halevy nació  el 25 de diciembre de 1827,  es decir, cuando en occidente triunfaban las ideas del romanticismo, que buscaba la solución a la opresora realidad  la  buscando  lo auténtico y primigenio de las culturas, germen del auge del nacionalismo decimonónico.

Su padre, Aharon Halevy, como era costumbre, le puso a estudiar en el Talmud Torá de la ciudad de Adrianópolis -aún no se llamaba Edirne- y fue tal su aprovechamiento que a la edad de quince años ya empezó a dar clases de teología hebrea. A la vez, despertaba su tendencia a la reforma de la docencia y a la preocupación por el bienestar de la comunidad: convenció a la comunidad de la necesidad de construir un nuevo edificio para estudiar y al terminarlo se convirtió durante cinco años en su profesor de hebreo y , además, en su director. Los estudiantes de la ciudad conocieron con él la modernidad. Y no contento con esto, también se preocupó de los ancianos, a los que traía los periódicos que se escribían entonces en Salónica y  Esmirna.  Hasta pusieron su nombre al colegio de tanto carisma como desprendía su ser.

Por supuesto, no tardaron en asomar sus detractores, críticos con las novedades, y acabó yéndose un tiempo a Bucarest, donde se dedicó también a la docencia y donde por primera vez tuvo noticia de que en en Etiopía había comunidad judía. Pero en Bucarest también se encontró con oposición a su innovación pedagógica y dejó Rumanía para radicarse en París.

Por aquel entonces,  el erudito Solomon Munk, judío silesio del Colegio de Francia, especialista en epigrafía caldea, persa y asiria, y Nathan Adler, cabalista alemán -de los primeros askenazíes en adoptar la pronunciación sefardí del hebreo- publicaron que proyectaban un viaje a las profundidades de Etiopía para buscar a los judíos que allí debía haber. Yosef Halevy, no lo dudó un momento: él era la persona indicada para semejante aventura. Y en un hebreo de altura les dijo que él era desde la pubertad un hombre de viaje (…) » que incluso un día juró que llegaría a la tierra de Kush para conocer a mi hermano y mejorar su existencia.»

Partió hacia Etiopía en diciembre de 1867 y habría de regresar en el mes de marzo, a cuenta de L´Alliance.

No regresó solo. Después de que se lo pidieran reiteradas veces, volvió a París con un niño, Daniel Adhanan -el danita, el de la tribi de Dan, que es de quienes los etíopes dicen descender cuando estos , con el acoso babilonio -y no con historietas de la Reina de Saba- huyeron hacia Egipto y luego , catarata a catarata, Nilo arriba, llegaron al norte de Eritrea e incluso cruzaron el Mar Rojo para llegar al Yemen.

Según se publicó en Ha´Maguid, el informe que Yosef HaLévy hizo sobre los judíos de Etiopía, se multiplicaron los filántropos dispuestos a ayudar a los judíos Beta Israel, los de la Casa de Israel, como el judío etíope se llama a sí mismo. (Falasha es para ellos un término peyorativo que nosotros no debemos usar.)

Dado el éxito de la expedición, entre 1869 y  1870 fue enviado por el Instituto Francés al Yemen con el objetivo de hacer unos estudios epigráficos. Trajo 700 referencias de inscripciones , cuyo estudio fue publicando mientras se sumergía en el conocimiento de las lenguas antiguas.  Fue nombrado catedrático  de lengua abisinia de la universidad de La Sorbonne, a la vez que empezó a dirigir la Sociedad Asiática.

A su regreso a París, L´Alliance le envió a Mogador , Marruecos, para estudiar la fundación de un colegio. En Israel impartió conferencias en hebreo a las que asistió Eliezer Ben Yehudá, que fue muy influenciado por los puntos de vista de HaLevy, como el propio Eliezer reconocería. Yosef haLevy ya propuso que en la  tierra de Israel se hablara en hebreo de forma cotidiana treinta años antes del proyecto que encabezó Ben Yehuda. Hay libros que cuestionan por qué las tres personas que se anticiparon a Ben Yehuda fueron borrados del mapa de la historia. «Los tres que precedieron a Ben Yehuda», de Shlomo Jarmí, por ejemplo.

Se fue a su mundo el 7 de febrero de 1917 en París, mientras el mundo occidental se sobrecogía por el desastroso invierno de plena Primera Guerra Mundial y el Imperio Otomano sucumbía por completo al poderío anglosajón.