LOS JUDÍOS DEL ANTIGUO REINO DE VALENCIA

Breve aproximación a la judería medieval de la Comunidad Valenciana, con sus desarrollo histórico conocido y sus eventos hasta la expulsión.


En tan sólo 16 años -de 1229 a 1245- el rey Jaime I de Aragón conquista los reinos de taifas de Valencia, surgidos de la desfragmentación provocada por la crueldad almohade en 1228. Zayyan ibn Mardanish, último rey de Balenssía, cuando firma las capitulaciones, firma entre otras cosas que la población musulmana -los mudéjares-  la cristiana -los mozárabes- y los judíos, no tienen que abandonar sus aposentos. Es más, esa población crecerá, como sabemos por el Libre de Repartiment (Libro de la Repartición) donde consta actas de la repoblación con personas que vinieron de Aragón,  a las que se les entrega tierras. Once días después de las capitulaciones, esto es el 9 de octubre, el rey Jaime hace su entrada triunfal en Valencia. Hasta hoy mismo, día de fiesta mayor en las tres provincias de la Comunidad Valenciana.

Para nosotros, el período que va desde ese 9 de octubre de 1245 al mes de agosto de 1492 es el periodo que más información nos ofrece sobre la judería valenciana. Antes de eso tenemos escasos datos, o datos dispersos, como referencias al rabino Isaac ben Moshé ben Sakay, rabino de Denia hasta el año 1070, en que partió a Pumbedita, en la cuenca del Éufrates, y donde en esa época se desarrollaba la época rabínica de los gaones de Babilonia. Rabi Isaac ben Rubén,  barcelonés,  fue quien lo sustituyó en la sinagoga de Denia, y se convirtió en uno de los primeros traductores de literatura árabe al hebreo, además de gran talmudista. La judería de Denia tenía tal relevancia que hasta en la Guenizá de El Cairo aparecen documentos que la nombran.

Jaime I de Aragón tenía en gran estima a la población hebrea porque sabía que podían dinamizar la economía del nuevo territorio conquistado, además de conocer el funcionamiento administrativo de la corte aragonesa y estar especializados en oficios determinados. Y todo el favor concedido al hebreo -hasta exención de impuestos en los primeros años de asentamiento- creó una comunidad floreciente, paralela a la nobleza -germen de un recelo y una envidia- que duraría hasta que accediera al trono el hijo de Jaime, Pedro III (1240-1285) Con la conquista de Sicilia se reorganiza la administración pública y se inhabilita al judío para cargo político, manteniendo -eso sí- su tradicional prestigio como médicos,(fisicos) traductores, (trujumanes) o  financieros (alfaquines) . Esto es, dicen los que saben, el motivo por el cual hay una reconcentración de judíos en los núcleos urbanos, como demuestra que la judería de Valencia tributara al año 5000 sueldos y tan sólo 2000 entre Sagunto, Onda, Burriana y Segorbe.

Chelva, barrio del Azogue

En el S XIV, hubo cambios importantes. Incluso catastróficos. La anexión del reino de Murcia, a principios de siglo, provoca un notable incremento de juderías que disfrutaban de  prebendas como “por ejemplo, cuando en Elche, el 27 de agosto de 1296, el rey firma una tregua de siete años con don Juan Manuel,  y se garantiza a los judíos que tengan heredades de aguas y casas en Elche y su término la posesión de los mismos, pudiendo venderlos, darlos o empeñarlos.” (Hinojosa, Los judíos de Valencia) La relación era no obstantes bi-direccional: esos favores se hacían porque los judíos sufragaban con dinero campañas militares de los reyes cristianos. Y había un límite: el antisemitismo pontificial  del IV Concilio de Letrán, de 1215, que los monarcas no podían transgredir.

Pero la existencia se va degradando con la inestabilidad militar constante, sequías que provocan hambrunas, y sobre todo, la epidemia de peste  intermitente desde 1348. Todo lo cual va calentando un caldo de cultivo del chivo expiatorio judío que saltará por los aires a finales de siglo, en las grandes matanzas de 1391,  llevándose  por delante juderías como la de Valencia, que desaparece por completo, con los judíos que quedaron vivos acogidos en la cercana Sagunto. En esta judería ya había habido precedentes de buena acogida al judío, pues en 1348, con las guerras unionistas, cuando Morviedro fue asaltada, permitió que los judíos se salvaran del asedio dejándolos protegerse tras las murallas del castillo. Sin embargo, al sur, sufrieron grandes penurias por vivir en el escenario de las peores batallas de la Guerra de los Dos Pedros, el de Castilla y el de Aragón, por la posesión del reino de Murcia. En documentación de Orihuela, por ejemplo, consta que para ser protegidos los transeúntes, los cristianos pagaban un dinero, los mudéjares tres, pero los judíos, seis. Hacia 1366 ya no quedaban judíos ni en Alicante ni en Orihuela, de tan difícil como era vivir allí. Y era el preámbulo de lo porvenir, ya que después de las inflamadas prédicas del Arcediano de Ecija  se expandió desde Sevilla una ola de cruentísimos ataques contra juderías que quedaron literalmente arrasadas: Morella, Alzira, Xàtiva, Valencia…Se salvaron Sagunto, Alcoy, Elche, Castellón.  Como dice Hinojosa: “El rey, cuya autoridad y cuyo patrimonio se habían visto sensiblemente perjudicados, no tuvo más remedio que transigir para mantener una paz ciudadana muy alterada en aquellos tiempos por las luchas de bandos, y al final todo quedó en el castigo simbólico de unas cuantas personas y unas multas en dinero a las villas y ciudades cuyas juderías quedaron destruidas.” Se ignora el número de muertos y el de conversos en esos episodios. Con las desapariciones y las conversiones, pasa Sagunto a ser la aljama principal. Y aunque algunas juderías tuvieron un lento renacer hasta mediados del S XV, en 1492 llegaría el final.

Mikve de Sagunto

Por la conservación de protocolos notariales  referentes a los contratos de embarque se sabe que los judíos valencianos y aragoneses  zarparon del  puerto de Valencia conocidas familias como  los Abravanel,  rumbo a Nápoles, llevándose mercancías valoradas en 460 libras. En el Grao de Sagunto embarcaron los judíos de esta villa y los de Castellón y Xàtiva, además de los de las juderías aragonesas de Teruel,  Calatayud, Ariza, Epila, Daroca, Albarracín, Belchite y Huesca. Otros salieron por Cartagena, sin que sepamos el destino. Los destinos eran el puerto de Pisa, donde atracaron por ocho días y desembarcó allí quien lo quiso. De Pisa se navegaba a Nápoles,  con parón de otros ocho días. Otros destinos fueron el norte de África: Orán, Bugía, Argel o Tenés. 248 de Xativa, 700 de Sagunto y unos doscientos más de otros lugares de Valencia, es decir, unos mil judíos valencianos. De Aragón, unos 6000.  Sastres, herreros, joyeros, tintoreros, zapateros, humildes tenderos, artesanos, rabinos, prestamistas. Y luego el grupo de oligarcas judíos, del cual conocemos por ejemplo el caso de Jafudà Alatzar,  protegido por la Corona, necesitada de sus préstamos,  un déspota–según sus enemigos judíos–  un dictador de la aljama cuyo deceso  llevó a  la ruina  al clan familiar,  ahogado en  pleitos por la heredad. Estas familias a veces se enfrentaban entre sí, como el caso de Isaacben Sheshet Perfet, el gran rabino de Valencia cuando la masacre de 1391, quien  huyó a Zaragoza por los ataques de la familia Abnarrabí.

Judería de Valencia

La judería de Valencia quedaba muy delimitada porque su  perímetro  quedó estipulado  por Jaime I el 20 de octubre de 1244:  «el adarve Abingeme, hasta el baño de Almelig, y desde aquí hasta la puerta de la Xerea, y de esta puerta hasta el horno de Albimulliz y hasta el adarve de Abrahim Alvalencí» y estaban regidos por los fueros que regían la aljama de Barcelona y la de Zaragoza. Pero hubo muchas:  desde Morella a Orihuela,  San Mateo, Castellón, Onda, Vila-real, Burriana, Segorbe, Llíria, Sagunto, Xàtiva, Alzira, Gandía, Denia, Alcoi, Cocentaina, Alicante, Elche, Elda, Chelva, Onteniente, etc.

Además de instituciones como la carnicería, etc. conocemos dos grandes cementerios, el de Valencia y el de Sagunto. El primero, descubierto por las obras urbanas de un céntrico centro comercial, donde aparecieron unas 70 tumbas, muchas de las piedras de estos camposantos fueron usadas para hacer una presa del Turia en 1363, y así poder llevar agua intramuros en el marco del asedio de los castellanos. Del cementerio de Sagunto, de excavación reciente, con tumbas excavadas en un estrato romano del S II dec, y otro del S XV.  Se encontraron aderezos femeninos en abundancia.

Otros judíos no fueron sino quemados en autos de fé frente al edificio de La Lonja de la Seda, como es el caso de Luis Alcañiz, famoso médico de la judería de  Játiva. 

La labor de la medicina  siempre fue muy practicada por los judíos de la corona de Aragón -y otras- así como la de trajumán, o traductor-diplomático, como el caso de Astruch Bonsenyor, que medió  en las negociaciones de Elche por los mudéjares rebeldes a la autoridad de Alfonso X de Castilla.  Fue a Bonsenyor a quien luego  se encomendó el reparto de tierras y heredades de Elche, junto con tres cristianos.